martes, 30 de marzo de 2010

Luciernagas

lunes, 29 de marzo de 2010

El amor más grande de todos


¿Has escuchado con atención alguna vez, la canción de Whitney Houston, ¨The Greatest Love of All¨? Te traduciré un pequeño estribillo: "El amor más grande de todos es fácil de lograr, aprender a amarte a tí mismo, es el amor más grande de todos".


No es necesario tener un doctorado en ciencias de la conducta humana para saber que antes de poder externar cualquier tipo de amor, tenemos que empezar por amarnos nosotros mismos. Siendo sincera, podría asegurar que cuando amamos a otros, pero por nosotros mismos no sentimos ni siquiera afecto, ese amor que entregamos es disfuncional.


El amor propio se traduce en autoestima, y cuando la misma no existe en nuestro interior esto se refleja en la calidad de nuestras relaciones. La carencia de amor hacia nosotros mismos nos hace creer que cualquier cosa negativa que pase es porque nos la merecemos y vivimos con un permanente sentimiento de culpabilidad. Permitimos que nos atropellen, nos humillen o se burlen de nosotros, simplemente porque no nos damos nuestro justo valor, ni nos respetamos lo suficiente para ponerle freno a ese tipo de situaciones, o a esas personas desaprensivas que se aprovechan de nuestra debilidad.


Es vital sacar un espacio para reflexionar y descubrir todas las cosas maravillosas que tenemos en nuestro interior, que nos hacen ser personas valiosas, especiales, llenas de cosas buenas para compartir con los demás. Procura ver por tí mismo las virtudes de las que estás compuesto, y no esperes que sea otro que lo vea por tí.


Así que colócate en el lugar número uno en tu lista de prioridades, ámate, valórate y respétate para que otros puedan hacer lo mismo; de esta forma, estarás en la mejor condición de brindar un amor de la mejor calidad.


lunes, 22 de marzo de 2010

Mario Benedetti " No te rindas"

Amigos, aunque a veces tengamos ganas de tirar la toalla, nunca nos rindamos, que la recompensa valdrá la pena. Adelante!

sábado, 13 de marzo de 2010

El barullo de los sapos

Amigos y amigas, aquí les dejo esta reflexión que recibí, con la que muchas veces nos hemos identificado. De más está decir que seamos felices con el día a día sin agobiarnos por lo que creemos que pueda pasar mañana!!!


Muchos se angustian por problemas que, en su mayoría, nunca llegan a hacerse realidad. Sufren con anticipación, pensando e imaginando cosas que pudieran suceder. La mayoría de nuestras preocupaciones se deben a la falta de confianza en Dios.


Un hacendado fue a la ciudad y le preguntó al dueño de un restaurante si podía utilizar un millón de piernas de sapos. El dueño del restaurante quedó asustado y quiso saber dónde pretendía el hacendado conseguir tantas piernas de sapos. El hacendado le respondió: Cerca de mi casa hay un pequeño lago que está invadido e infestado de esos bichos. Son millares y hacen un barullo infernal, croando toda la noche. ¡Me estoy volviendo loco!


Quedó decidido, entonces, que el hombre le traería quinientos sapos por semana, durante algún tiempo. En la primera semana, el hacendado volvió al restaurante un poco avergonzado, pues traía en sus manos dos sapos. El comerciante le preguntó: ¿Dónde está mi pedido? El hombre respondió: Yo estaba totalmente engañado. ¡Había solo estos dos pequeños sapos en el lago! Ellos solos son los que hacían todo el barullo.


La próxima vez que alguien te critique o se ría de ti, acuérdate de que no son miles de sapos los que hacen todo el barullo, sino apenas dos sapitos. Mientras dos critican y ríen, cientos te apoyan y animan. Acuérdate de que las angustias y los problemas parecen mayores en la oscuridad. Hay una posibilidad muy grande de que, cuando llegue mañana y lo pienses mejor, el problema habrá disminuido su importancia o habrá desaparecido, quedando en su lugar un asunto de fácil solución. Lo mejor es dejar las preocupaciones en las manos de Dios.


Ten hoy un día feliz, sabiendo que Dios está en el control de tu vida.

martes, 2 de marzo de 2010

El saco de carbón


Un día, Jorgito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre, lo llamó. Jorgito, le siguió, diciendo en forma irritada:

- Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:

- Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso!..Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

- ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

- Hijo ¿Qué tal te sientes?

- Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo: – Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! . Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

- Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.

Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras;
ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones;
ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos;
ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter;
y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá en gran medida tu destino.