lunes, 30 de agosto de 2010

El paquete de galletas


Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un aeropuerto.Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete con galletitas.Se sentó en una sala del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Asiento de por medio, se ubicó un hombre que abrió una revista y empezó a leer. Entre ellos quedaron las galletitas. Cuando ella tomó la primera, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada.


Apenas pensó: '¡Qué descarado; si yo estuviera más dispuesta, hasta le daría un golpe para que nunca más se le olvide!'. Cada vez que ella tomaba una galletita, el hombre también tomaba una.Aquello la indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar. Cuando quedaba apenas una galletita, pensó: 'qué hará ahora este abusador?'. Entonces, el hombre dividió la última galletita y dejó una mitad para ella. Ah! No!. . . Aquello le pareció demasiado! !


¡Se puso a bufar de la rabia!. Cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque. Cuando se sentó en el interior del avión, miró dentro del bolso y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletitas. . .intacto, cerradito. . ¡Sintió tanta vergüenza! Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba. ¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas dentro de su bolso!


El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso,consternado o alterado. Y ya no había más tiempo ni posibilidades para explicar o pedir disculpas. Pero sí para razonar: ¿cuántas veces en nuestra vida sacamos conclusiones cuando debiéramos observar mejor? ¿cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas? Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:


1.- Una piedra, después de haber sido lanzada

2.- Una palabra, después de haber sido dicha

3.- Una oportunidad, después de haberla perdido

4.- El tiempo, después de haber pasado.


Esta es una excelente reflexión, no solo para iniciar la semana, sino para aplicar en todo momento de nuestras vidas. Cuantas veces hemos tomado decisiones impulsivas e incorrectas porque hicimos un juicio de valor, sin detenernos a investigar con profundidad la realidad de las cosas. Espero que esta lección, cuyo autor desconozco, nos sirva a todos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Los patos hacen bulla, las águilas vuelan...


Hola amigos, esta es una excelente reflexión que recibí por correo electrónico, de parte de una amiga. Salgamos del montón, dejemos de quejarnos y pongámonos en acción para hacer los cambios que queremos en nuestras vidas. Es un excelente pensamiento para iniciar una semana con éxito!

Nadie puede hacer que usted preste un buen servicio a sus clientes; esto porque un buen servicio es una alternativa. Harvey Mackay, nos cuenta una maravillosa historia acerca de un taxista que prueba este punto. Él estaba haciendo fila para poder ir al aeropuerto. Cuando un taxista se acercó, lo primero que Harvey notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer muy bien vestido con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, el taxista salió del auto dio la vuelta y le abrió la puerta trasera del taxi a Harvey. Le alcanzó un cartón plastificado y le dijo: yo soy Wally, su chofer, mientras pongo su maleta en el portaequipaje me gustaría que lea mi Misión.

Después de sentarse, Harvey leyó la tarjeta: Misión de Wally: Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera más rápida, segura y económica posible brindándole un ambiente amigable. Mi amigo Harvey quedo impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, limpio sin una mancha! Mientras se acomodaba detrás del volante, Wally le dijo, ¿Le gustaría un café? Tengo unos termos con café regular y descafeinado.

Mi amigo bromeando le dijo: No, preferiría una soda Wally sonrío y dijo: No hay problema tengo un conservador con Coca Cola regular y dietética, agua y jugo de naranja. Casi tartamudeando, Harvey le dijo: Tomaré la Coca Cola dietética. Pasándole su bebida, Wally le dijo, si desea usted algo para leer, tengo el Wall Street Journal Time, Sport Illustrated y USA Today.

Al comenzar el viaje, Wally le pasó a mi amigo otro cartón plastificado. Estas son las estaciones de radio que tengo y la lista de canciones que tocan, si quiere escuchar la radio. Y como si esto no fuera demasiado, Wally le dijo a Harvey que tenía el aire acondicionado prendido y si la temperatura estaba bien para él. Luego le aviso cual sería la mejor ruta a su destino a esta hora del día. También le hizo conocer que estaría contento de conversar con él o, si Harvey prefería lo dejaría solo en sus meditaciones.

Dime Wally, le pregunto mi asombrado amigo: ¿siempre has atendido a tus clientes así? Wally sonrió a través del espejo retrovisor. No, no siempre. De hecho solamente los dos últimos años. Mis primeros cinco años manejando los gasté la mayor parte del tiempo quejándome igual que el resto de los taxistas. Un día escuche en la radio acerca de Wayne Dyer, un Gurú del desarrollo personal. El acababa de escribir un libro llamado Tú lo obtendrás cuando creas en ello. Dyer decía que si tú te levantas en la mañana esperando tener un mal día, seguro que lo tendrás, muy rara vez te frustraras. Él decía, para de quejarte, sé diferente de tu competencia. No seas un pato. Sé un águila. Los patos hacen bulla y se quejan, las águilas se elevan encima del grupo.

Esto me llego aquí, en medio de los ojos, dijo Wally. Dyer estaba realmente hablando de mí. Yo estaba todo el tiempo haciendo bulla y quejándome, entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré alrededor a los otros taxis y sus choferes: los taxis estaban sucios, los choferes no eran amigables y los clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios. Se nota, que los cambios se han pagado, le dijo Harvey. Si, seguro que sí, le dijo Wally.

Mi primer año de águila dupliqué mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadruplique. Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes hacen reserva a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos consigo un amigo taxista confiable para que haga el servicio. Wally era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.

Posiblemente haya contado esta historia a más de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por las que no pueden hacer nada de lo que les sugería. Wally el taxista tomó una diferente alternativa. El decidió dejar de hacer bulla como los patos y volar por encima del grupo como las águilas.

domingo, 1 de agosto de 2010

Como Manejar El Enfado, 2da. Parte


Esta es la segunda entrega de este artículo escrito por el psicólogo y psicoterapeuta español Sergio Huguet.


"A veces es tanta la cantidad de energía que reprimen que esta acaba canalizándose y depositándose en determinadas zonas de su cuerpo, ocasionando una serie de síntomas: contracturas, dolores de cabeza, problemas estomacales, articulares, sentimientos de gran pesar, desaliento y tristeza. Todo ello, en el fondo, no es otra cosa que la resultante de tener una gran cantidad de enfado no expresado.


Muchas personas llevan utilizando este mecanismo de represión de sus enfados prácticamente desde su infancia. Es por ello por lo que han dejado casi de ser conscientes de la gran cantidad de energía y fuerza que aguarda encerrada en su interior, esperando a ser liberada para poder estar al servicio de la persona y no en su contra.


Muchas de estas personas me comentan en la consulta que no pueden dejar de sentir miedo ante la idea de expresar el enfado que sienten con su pareja, su jefe, sus vecinos o sus compañeros de trabajo. Temen, en unos casos, que el guerrero con el que se enfrentan pueda volverse aún más peligroso, y, en otros, ser ellos mismos los que se desborden y no puedan contener toda la rabia que llevan acumulada durante tanto tiempo. Tienen almacenado mucho enfado y también temen exteriorizarlo. Y es comprensible.


Pero, aunque es cierto que no podemos dejar de sentir lo que sentimos, por lo menos sí que podemos decidir qué hacemos con lo que sentimos; en este caso, con el enfado y el miedo. No se trata de no tener miedo a la hora de actuar - es decir, de mostrar nuestro enfado - sino de mostrarlo a pesar de él. Ahora bien, si esta actitud de valentía es necesaria para introducir un cambio importante en la forma de gestionar nuestros enfados y nuestra agresividad, no es menos cierto que requerimos también de unas habilidades que nos permitan aventurarnos en esta tarea con un mínimo de garantías. ¿Cuáles son estos principios? Veamos algunos de ellos.


En primer lugar, casi diría que lo más importante es aprender a encuadrar de nuevo la experiencia de forma que podamos ver el hecho de mostrar honestamente nuesgtro enfado como otra oportunidad de acercamiento a la otra persona y no, como suele ocurrir en la mayoría de los casos, de ruptura de la relación. Se trata, en definitiva, de visualizar al otro estando agradecido con nuestra actitud, y no molesto.


Si tenemos dudas acerca de la posibilidad de que al otro le resulte grata esta actitud nuestra, solamente debemos pensar si a nosotros nos gustaría, en caso de haber sido ofensivos con alguien, que esta persona se nos acercase mostrando su enfado con honestidad y predisposición para el reencuentro.


A la hora de mostrar nuestro enfado, también es muy importante responsabilizarnos plenamente del mismo; es decir, asumir completamente su autoría, reconociendo que somos nosotros los que experimentamos el malestar y no que es la otra persona quuen nos lo causa, pues en este caso estaríamos inculpándola y responsabilizándola de lo que sentimos. Por muy desagradable que nos resulte el trato de una persona para con nosotros somos los que, en última instancia , creamos nuestra experiencia, y no el otro. De ahí que dos personas vivan un mismo suceso de forma diferente, como por ejemplo, dos trabajadores que se toman de distinta manera una fuerte reprimenda de su superior."


Todavía nos queda mucho material sobre este tema para compartir, así que nos vemos la próxima semana.