miércoles, 26 de agosto de 2009

Crecer sin perder la gracia y la autenticidad


¿Por qué para crecer muchas personas renuncian a la gracia y la autenticidad que las han caracterizado? Esta es una pregunta que prefiero dejarla abierta y que cada persona que lea esto, piense en alguien que haya experimentado cambios importantes en su vida por haber cambiado de estatus o si después de viajar a lo profundo de su conciencia, considera que este es su caso.

Si es así, sería muy interesante hacer el siguiente ejercicio frente a un espejo sin ninguna compañía, sin ninguna prenda de vestir, es decir, sin lazos ni ataduras que crean las prendas y formularse las siguientes preguntas:

1. ¿Soy mejor monje porque tenga mejores hábitos puestos?

2. ¿Me vuelvo más creíble ante los demás cuando me cubro con mejores prendas?

3. ¿Es lo que llevo puesto lo que hace la diferencia del que está frente al espejo y el que sale a la calle con un aire casi como si se tratara de un ser extraterrestre?

4. ¿Por qué hay que perder la gracia y dejar de ser auténtico? ¿Simplemente porque un golpe de suerte o el azar de la vida te trajo un cambio?

Frente a ese espejo prométete que nunca cambiarás, ni tampoco dejarás de ser auténtico. Cuando el nuevo estatus adquirido te lleva a cambiar, pierdes una parte de tu belleza interior, y te apegas a cosas tan pasajeras y transitores como son los bienes materiales y el afecto y simpatía que te genera la nueva posición en que te encuentras, no por lo que tú significas.

No te incorpores al ejército de los vanos; aprópiate de las cosas que te corresponden, pero no te apegues a ellas. Recuerda que ese don regalado por Dios, que es la Vida, es transitorio y que en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar.