lunes, 24 de agosto de 2009

El respeto al derecho ajeno es la paz


Me he atrevido a tomar prestada la frase de Benito Juárez para dar título a este artículo, porque la misma encierra una gran verdad, y sobre todo porque su significado permanece vigente en nuestros tiempos, aún habiendo transcurrido 137 años de su desaparición física.
Se está dando desde hace un buen tiempo un fenómeno bastante desagradable, por cierto, de falta de respeto, fruto de la pérdida de valores, la falta de educación y la descomposición social propia de la época en que estamos viviendo.
Cómo no vamos a tener guerras y conflictos cuando se irrespetan los derechos de los demás, se invade el espacio ajeno, ya no nos importa un comino la opinión del prójimo, ni mucho menos su bienestar. Solo pensamos en nosotros, en nuestras necesidades y en llevarnos el mundo por delante sin importar a quien se pisotea, a quien faltamos al respeto o a quien agredimos.

Un ejemplo sencillo es la forma de conducir en las calles de nuestro país, donde cada día vemos que se pasan por alto las señales de tránsito como si solo fueran un adorno, poniendo en riesgo su propia vida y la de los demás. Otro ejemplo aún más grave es el irrespeto a la vida de los seres humanos, pues vemos con frecuencia en las noticias como las personas se matan unas con otras porque simplemente no estuvieron de acuerdo en algún punto, o simplemente porque un vehículo rozó otro.

Lo malo del caso es que nadie hace ni dice nada, y peor aún, en el núcleo principal de la sociedad, que es la familia, es el primer lugar donde no se están fomentando los valores morales y la mala educación se está evidenciando en los seres humanos desde niños.
En la cadena de formación de un ciudadano hay algunos eslabones sueltos. De esos eslabones, el que está en manos de la familia parece que se le ha distanciado. De ahí que esa pérdida de valores, en ese que podemos definir como el gran primer eslabón, se ha salido de control.

La libertad es un gran valor, pero hay que saber hacer uso de ella, para no caer en el libertinaje.
¿No crees que si aprendiéramos a respetar las diferencias individuales, las opiniones ajenas y los espacios de los demás, nuestro mundo fuera otro, diferente, mucho más armonioso?
¡Rescatemos este valor, que es esencial para poder convivir en una sociedad civilizada!!!