miércoles, 8 de julio de 2009

Cuidado con las cosas que decimos!


Quiero compartir una historia que me contó una buena amiga, de esas personas con altos valores a quienes siempre quieres conservar a tu lado. Dicha historia le llegó en algún momento a su correo electrónico, y me la describió un día que la visité a su casa.

Las tres bardas
Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera: ¡Maestro!, quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
Sócrates lo interrumpió diciendo:- ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de las tres bardas lo que me vas a decir?
¿Las tres bardas?
- Sí - replicó Sócrates, - la primera es la VERDAD. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?
- No...lo oí decir a unos vecinos...
- Pero al menos lo habrás hecho pasar por la segunda barda que es la BONDAD. ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?
- No, en realidad no; al contrario...
- ¡Ah! - interrumpió Sócrates. Entonces vamos a la última barda. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?
- Para ser sincero, no; necesario no es.
- Entonces - Sonrió el sabio - si no es verdadero, ni bueno, ni necesario...sepultémolos en el olvido...
La verdad es que esta historia me impactó tanto, porque vemos con demasiada frecuencia como las personas nos dedicamos a llevar y traer informaciones sin tener firme evidencia de la veracidad de las mismas, perjudicando a los involucrados y a nosotros mismos, porque este tipo de conductas afectan nuestra imagen y nuestra credibilidad como seres humanos, además de que no nos hace dignos de confianza de nuestros familiares y amigos. ¿Cuantas veces no habrá venido alguien a comentarnos algo sobre un conocido nuestro, a manera de rumor, o a sus espaldas? ¿Que garantía tenemos de que esa persona no va a hacer lo mismo con nosotros en cualquier momento?

Es mejor cuidar lo que decimos, pasarlo por las tres bardas de Sócrates, y si no cumple con esos requisitos, entonces ¨calladitos nos vemos más bonitos¨, pues si no tenemos nada bueno que decir, mejor no digamos nada.